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Llibres

Un conflicto nacional

Colección:

ISBN:
978-84-00-04735-1

Any:
1980

Pàgines:
328

Un conflicto nacional: Moriscos y cristianos viejos en Valencia

Tulio Halperin Donghi

“He aquí un título algo alarmante. ¿Tiene acaso sentido hablar de conflictos nacionales en el siglo XVI?" Para Tulio Halperin Donghi “hablar aquí de conflicto nacional significa entonces no más que esto: recordar que en Valencia hasta 1609 un tercio de la población integraba un grupo humano que tenía un nombre preciso, 'la nación de los cristianos nuevos de moros del reino de Valencia”. Cristianos desde que, en 1519-21 los rebeldes agermanados les hicieron escoger entre la conversión y la muerte, desde que, en 1526, el emperador los colocó con mayor eficacia ante un dilema apenas menos brutal. Cristianos de nombre, musulmanes de corazón; así lo aseguran eclesiásticos y seglares encargados de su conversión, y podríamos ver en estas afirmaciones tan sólo la voz de un celo que no se satisface fácilmente, si no fuese que otras voces mucho más despegadas y aún muchos hechos vienen a confirmarlas. He aquí un enorme problema, no el único, sin duda, que planteaba la singular estructura de la nación valenciana; sí el más agudo, sí el que hizo un problema de la subsistencia misma de la Valencia cristiano-morisca. La conversión debía cambiarlo todo, sustituir a la anterior Valencia colonial y abigarrada una nación unificada en la fe cristiana como en los modos de vivir y de sentir. Ilusión de un momento: lo que surgió de las convulsiones de 1519-26 fue una nación igualmente dividida, igualmente quebrada, pero ahora los que dejaron de ser moros se hallan en perpetua falta, son incapaces de satisfacer todo lo que se exige de ellos. Incapaces desde luego porque no quieren, porque esas exigencias son intrínsecamente contradictorias. Lo que se pretende es en suma asimilar a los moriscos al cuerpo de la nación cristiano-valenciana, y a la vez mantener la estructura social del reino, apoyada en una división jerarquizada entre cristianos y moros primero, entre cristianos viejos y nuevos después". Pero al fracasar la asimilación sólo quedaba una salida: el decreto de expulsión. El remedio fue más doloroso que la enfermedad: “casi dos siglos después de la expulsión, en sus andanzas por tierras de Valencia, en el alto Espadán y en otros rincones montañosos, Cavanilles encontró lugares abandonados, aldeas de las que sólo sobrevivía el recuerdo, vivo testimonio de las ruinas y las desolaciones provocadas por el alejamiento de los moriscos.”

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